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Océano blanco

               nubes.jpg   

 

Siempre que la muerte me toca con su güadaña dejándome su huella de sangre en la piel… he volteado hacia el cielo, para buscar la mirada de quien ha partido.

   La primera vez fue por la esperanza de encontrar, paseando por las nubes, la imagen de mi padre, sonriendo e insistiendo en que no llorara. Fueron dos años de vivir con el espíritu vencido, la orientación perdida, los pasos sin rumbo sensato. Pero las nubes nunca me fallaron; siempre había en ellas un resquicio donde yo suponía se encontraba él y me cuidaba.

 

   La segunda ocasión fue infinitamente más sentida, más profunda. En aquellos años miraba obsesivamente al cielo. Era una parte de mí la que había partido; la mitad de mi alma, de mi existencia, de todo mi sentido de vivir. Y tampoco esta vez las nubes dejaron de responder. Incluso me hablaban, tomaban formas hermosísimas para seducirme e insistir en que sí… ahí andaba él, jugando todavía… recogiendo con amor para sí mismo el alma de niño que aún no le abandonaba cuando le ordenaron regresar.

   Hace un par de días pasé por esas nubes, las que albergaron la sonrisa de mi padre y los juegos de él. La luz del sol las hacía ver majestuosas; el pájaro de metal que me llevaba dentro pasó junto a una, dos, seis, un mar de ellas que hacían olas esperándome también, tal vez para jugar.

   Por un instante, le vi. Me saludó sonriente. Era él, como siempre, alerta para consolarme y cuidarme de no caer en los abismos de esta vida. Alcanzó a decirme que no tema a la desesperanza; que el final se acerca y estará conmigo en el momento. Que vivir ha valido la pena.

   Cuando salimos del océano blanco y luminoso, en el increíble artefacto que nos pone en el cielo a rugidos temibles, poderosos… la serenidad había inundado mi frente y corazón. Las dejamos atrás, bajamos a tierra y volvieron a ser manchas grises que ocultaban el sol.

   Su voz me repetía: “No tengas miedo… todo estará bien. Es tu deber sobreponerte al dolor que se te ha destinado; es el único camino para merecer el descanso”.


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Comentarios(2) »

  1. Lila — 31-08-2008 - 23:58:30 GMT 7

    Se por lo que has pasado, no he esado fisicamente en todas estas etapas dolorosas de tu vida, cuando Don José partió a esperarte y prepararte el camino también te dejó su espiritú, posteriormente fué aún más dificil y no estuve fisicamente, pero en mi pensamiento y a leguas de distancia algo en mi interior me decía "¿que estará haciendo Magui?" ¿Cómo estará?, hoy tengo la certeza que cuando las almas se entrelazan por un cariño profundo, la distancia no es impedimento para que la energía que emanamos pueda unirse y acompañarnos en nuestro peregrinar. Un abrazote

  2. Margarita — 05-09-2008 - 09:20:03 GMT 7

    Gracias, Lila. Tú siempre has estado conmigo, desde aquellos lindos años de travesuras. Nunca olvidaré cómo me buscabas para platicar y consolarme por la muerte de mi padre, sin mencionarlo... simplemente haciéndome reír. Gracias, amiga.

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