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Margarita Oropeza, escritor (a)
MARGARITA OROPEZA ESCRITOR(A)

03/06/2008 GMT 7

Volar

parsyfal @ 00:17

gatitodormido.jpgAlgo espeluznante de los aeropuertos es que los rostros, maletines, peinados, siluetas y voces de la gente que deambula, jamás volverán a cruzarse con nosotros.

    Son como los pájaros migrantes, cuyas parvadas llegan de mañana o en el crepúsculo a invadir el árbol de la esquina, gorjean diciéndose cosas de su manicomio personal hasta que se hartan y revientan en vuelo cuando menos se espera.

     En las salas de abordar donde me paseé entre los extremos arrastrando una maleta de ruedas por diez horas, surgían arroyos de gente de las puertas cada media hora.

    Qué diversidad de formas puede tener el cuerpo humano… ancho o estrecho; temeroso u osado, voluminoso o menudo, apocado o fanfarrón, joven o viejo… La mitad de esa humanidad hablaba por su celular, unos pocos trabajaban en su lap-top, otros escuchaban música aislados del universo a oreja tapada…

    De 38 ó 40 personas sólo una era bella. Personas realmente guapas, en diez horas vi tres o cuatro y sólo uno era hombre. Eran mexicanos, ni modo…

    Recibí el aroma de perfume de hombre varias veces. Oleadas de hablar-de-rico-veeees?, cantadito y sangroncito, a cada rato.

    Mi cansancio era como un mar de plomo, donde trataba de flotar en vano. Una piedra de Sísifo que nadie hubiera deseado. Mis piernas tenían madera en lugar de tendones, mis músculos eran globos llenos de sangre pura.

    Acepté la derrota y abracé mi maleta de mano; recliné la cabeza entre los brazos y me hundí en el sueño como un vago de cualquier ciudad posmoderna. La noción de la vida me abandonó; el mar de plomo jaló de mis pies hasta tocar la arena del fondo y la inconsciencia hizo su labor misericordiosa: descansé.

    Al despertar tenía una raya roja en mi mejilla; los brazos me hormigueaban.

    ¿Cuántas veces la mujer de intendencia cruzó el brillante piso, mientras mi siesta?, ¿cuántos cafés vendió el puestecito verde?, ¿cuántas hamburguesas de oro (a diez mil pesos cada una) vendió “Wings”? A quién le importa…

    Lo único real es que llegó el minuto de abordaje. Había pasado el sol de punta a cabo en el horizonte, mientras yo viví en ese pedazo de aeropuerto. Fue como la sombra de un secuestro; como asomarse al Limbo de los distraídos. Poco después de finalizar ese momento vacío de mi existencia, una bellísima mancha naranja de luces dominaba el suelo mientras en el cielo, entre la bruma, no podían distinguirse las estrellas.

     La luna, todavía no salía a exhibir su cuarto menguante.

gatitoconalas.jpg

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