Bello cine bello
Soy cinéfila desde antes de aprender a hablar. Mis padres nunca tuvieron niñera; me madre cargaba conmigo –literalmente- durante toda la función en los westerns, filmes de guerra y musicales gringos que antaño ambos veían y era casi su única diversión. El ruido de las voces y las imágenes en la pantalla me privaban plácidamente del conocimiento en los brazos de ella. Por eso ir al cine, para mí era casi mejor que permanecer en casa. Dormía en un sitio más tibio y blando.
Desde siempre, pues, una buena película ejerce sobre mí una hipnosis peculiar. Me ayuda a evadir la realidad (cosa por cierto que, en este momento, me urge) y a ocuparme de los sueños de otros.
Vi una cinta llamada “Water”, hindú. Denuncia la situación que viven las mujeres en la India; las viudas en especial. La historia está situada en tiempos de la predicación y liderazgo político de Gandhi (1938). Según esa tradición aún practicada en ciertas regiones de ese país, las mujeres eran casadas a los siete u ocho años con hombres adultos que a veces morían antes siquiera de consumar el matrimonio a los once o doce de ellas… y las “viudas” eran sepultadas en vida en unas casas de retiro, con el pelo rapado y vestidas de blanco. No podían sonreír ni mezclarse con la gente; ni siquiera su sombra podía tocar a otros, porque los textos sagrados decían que podían echar con ello una maldición sobre los vivos.
Es una película hermosísima. Atmósferas místicas, jóvenes muy bellos; una higuera centenaria vestida de velas encendidas fue el sitio del amor. Música embriagante. Jamás una escena erótica (para el oriental es algo grosero). Dos jóvenes se enamoran contra todas las leyes religiosas y civiles. Ella es viuda, él es liberal, seguidor de Gandhi. No pueden casarse, su amor es prohibido y manchado por la perversidad del padre de él. Ella muere, él abandona a su familia y sigue a Gandhi.
La penúltima escena es un “mitin” político del Mahatma: Pasa por la pequeña ciudad del drama en un tren y se detiene a decir una oración con quienes deseen oírlo. Les dice: “Queridos hermanos: toda mi vida busqué la verdad en Dios, hasta que comprendí que Dios es la verdad”.
El cine me hipnotiza. Una buena película es como una linda novela o como un cuento sorprendente, un regalo a la inteligencia, pero con luz, color y música.A veces, como en “Water”, uno llora y eso descansa de vivir.


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