Monstruos que enamoran
Hoy noche me está esperando en el buró una película de suspenso. Hace rato la traje y es de alienígenas. Ahora se dice así; en tiempos de la longaniza eran “marcianos”. Suelen llamarse, en el catálogo donde las alquilas, de “terror”. En aquellos días, las películas de terror bien podían provocar risa por los míseros maquillajes que portaban los actores. Máscaras de hule burdo, ojos saltones que no se movían, manos con garras de cartón que no lograban rasguñar, menos arrancar cabezas de golpe, como hacen ahora.
Nunca me ha gustado asustarme por voluntad propia. Tres o cuatro veces, tiempo atrás, me llevaron mis padres al cine a ver cintas terroríficas.
Una de ellas fue “Drácula”, donde Christopher Lee (y ése… ¿quién era?) se juraba el último galán de la llanura y seducía mujeres. Igual me fascinó; qué miedo ni qué nada. Salí un poco enamorada del conde y quizás por eso mi madre nunca volvió a llevarme porque, para mis nueve años, era un poco prematuro un enamoramiento y además de un hombre que se convertía en monstruo. ¿Será que desde entonces intuía que todo hombre guarda uno dentro?
Otro adefesio que vi de chamaca y su imagen quedó cincelada en mi memoria (recuerdo adorable, no le pondría “delete” por nada del mundo) es el de la Laguna Negra. Era un hombre anfibio, ni siquiera un tritón, sino un pobre ser escamado, con cabeza como de insecto, pero sin cuernos. Salía por las noches a aterrorizar muchachas, muerto de hambre, relamiéndose las branquias por un bocado de humano. Y todavía le decían “monstruo”; nada más lejos de sus intenciones, tenía que sobrevivir, ¿qué podía hacer, sino comer la dulce carne nuestra?
Desde entonces, he visto evolucionar los monstruos del cine hasta el paroxismo; el que no vomita sangre, se la bebe. El que no come humanos, los destroza y los cuelga de un árbol por puro ocio, como “Predator”. Niños que ven fantasmas de ahorcados, niñas poseídas por ese “imperator” de nuestro tiempo llamado Luzbel…
Se han vuelto tan desagradables, que les huyo. Drácula y el vecino de la Laguna Negra fueron suficientes para mí. Prefiero mirar las estrellas; a cualquier ser vivo que se apareciera, proveniente de ellas, le saludaría encantada. Los alienígenas al menos deben ser “monstruos” que se sienten hermosos, no tienen problemas de autoestima. Además inventarán, seguramente, aventuras muy distintas a las humanas, interesantísimas.
Mientras llegan, veré como se los imaginan los hombres una vez más, en mi película.

Meneame
del.icio.us
Mis mounstros fueron otros pero sólo cambió de cara. "Jason", "Hallowen" y "Fredy Krugar" levantarony exaltaron mi gusto por el terror. En definitiva me gusta asustarme, casi, casi como una masoquista. Pero me he vuelto muy selectiva. He descubierto que no hay peor mounstro que los vivos y coludos que puedes encontrarte en la calle y los del cine... sólo me divierten.
Nosferatu | 10-02-2008 - 11:11:14 GMT 7 #