Umbral
¿Llegará un momento en que la vida y la ficción, como dos caminos convergentes, se junten? ¿O es al contrario, que son divergentes mientras la vida se aprende? ¿Dónde comienzan una y la otra, mientras eso ocurre?
La vida concreta está llena de verdades violentas, de rutinas circulares. La ficción suaviza la vida concreta… aunque se escriba con miedo porque tarde o temprano hay que aquietar las manos y no escribir más, o peor: Hay que terminar la obra pequeña, enorme, mediana que estemos escribiendo.
Tal vez es una batalla para alcanzar una cordura anhelada toda la vida, que finalmente será incomprensible para los demás. Se lucha para encontrar la propia cordura; ésa que huye de entre las manos (o entre los párrafos) y creemos haberla alcanzado al poner el punto final de una novela, un cuento, un poema. Pero siempre, después del punto, está el vacío. Y el vacío de nuevo empieza a llenarse con preguntas, anhelos, rebeldía ante las mismas atrocidades, ante la irracionalidad… y poco a poco el pozo vacío se llena otra vez de palabras. Y hay que volver a escribirlas, para alcanzar un poco de serenidad.
¿Llegará el momento de rendirse? Cuando la luz se apaga y el silencio domina los sonidos interiores… ¿es rendirse? Mientras hay vida hay que escribir; mientras pueda pensarse, hay que escribir.
Sólo cuando la muerte llega no se puede escribir.


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