Cuerpos en llamas
Sucedió en un avión que, en el corazón de una tormenta, trató de despegar aún en contra de la naturaleza. Un reticente pasajero que había tratado de no tomar el vuelo por temores lógicos, iba justo en la primera línea de asientos, junto a la ventanilla.
Cuando el avión comenzó a levantar la nariz, el tren de aterrizaje golpeó contra un desnivel del suelo; posteriormente una roca lo golpeó, abriendo el casco justo por el costado donde iba el pasajero mencionado. Su asiento fue arrancado del piso y arrojado lejos; posteriormente el avión comenzó a dar vueltas sobre sí mismo, hasta que se detuvo. Vino una gran explosión y todo el aparato comenzó a arder, incluso en el interior.
Mientras ocurría el desastre, el hombre se envolvió la cabeza en una chaqueta de cuero que llevaba y eso impidió que ardiera; sin embargo, conciente y lúcido, a pesar del fuego comenzó a abrirse paso entre las llamas, buscando una salida.
Por unos instantes contempló entonces una escena: En el interior del avión los pasajeros que fueron atrapados sin remedio por las llamas –amarrados a sus asientos, por los cinturones-, estaban convertidos en antorchas humanas. El hombre pudo ver así un fenómeno que lo dejó pasmado y cambió su vida, su visión del mundo: De los cuerpos, conforme morían, surgían auras luminosas, manchas de luz que se elevaban, unas más brillantes que otras y se alejaban de los cadáveres, hacia arriba.
Tuvo la certeza que eran los espíritus de los muertos y la brillantez de su aura correspondía a la forma, adecuada o fallida, en que habían gastado su vida.
Logró salir, sus quemaduras tardaron mucho en sanar; era un hombre vigoroso, muy competitivo y lleno de ánimo. Se convirtió en un cuerpo maltrecho que camina con ayuda de una andadera y soporta constantemente el dolor por las secuelas del accidente. Sin embargo, no perdió su ánimo y donde le dan oportunidad, cuenta lo que vio. Hoy afirma: “Quiero que mi espíritu, mi aura, a la hora que abandone mi cuerpo, sea muy, muy brillante.”
El vuelo fue el 006 de Singapore Airlines; el 31 de octubre del año 2000. Estaba en Taipei, Taiwan; su destino, Los Angeles. Murieron 83 pasajeros; sobrevivieron 96. El hombre de la historia se llama John Díaz y la contó a Oprah Winfrey, en su programa.
Estos testimonios son frecuentes; pero no todos los protagonistas logran divulgarlos. Basta saber que es verdad y reconforta desear: Que cuando mi aura me abandone, brille tanto que ilumine la conciencia de mis seres amados, para que no lloren. La muerte no existe.

Meneame
del.icio.us
Imagintae si nos pudieramos reconocer las almas sin necesidad del cuerpo, vernos el brillo e iluminar, bajar y ver los desinflados sonreir en un soplido, que ganas de vivir así, seriamos tantos tan cercanos.
-gracias por brillar-
Jimena Tapia | 15-12-2007 - 02:38:41 GMT 7 #