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Margarita Oropeza, escritor (a)
MARGARITA OROPEZA ESCRITOR(A)

28/11/2007 GMT 7

El cuerpo y la música

parsyfal @ 12:32

            bailandochica.bmp

Al ser bailarina del grupo representativo de la Universidad de Sonora la responsabilidad mayor, entre muchas, al salir a escena consistía en que estaba absolutamente prohibido equivocarse. El miedo a cometer errores era intenso y retador. Antes de la función llegaba la hora de maquillarse, señalar claramente los ojos con delineador, ponerse mejillas rosadas y marcar bien los labios para que las luces sobre el foro no opacaran la expresión del rostro. El peinado era firme y ajustado. El vestuario perfecto, el reloj biológico a prueba de todo compás musical, que debía medirse exactamente y fundirse con el movimiento del cuerpo.

     Los movimientos de la coreografía comenzaban a ser familiares desde muchos meses antes de la función de estreno. Los ensayos para el festival empezaban por lo menos con dos meses de antelación.

   “Hacemos un, dos, tres pasos, demiplié, giro, arriba el brazo, bajamos suave y… dos grand jeté, baja la cabeza, rodilla al suelo, levantamos mirada, ¡arriba los brazos!” 

   Era hermoso.

    Martha Bracho, la maestra, elegantísima e implacable, nos indicaba cuándo la espalda no estaba recta, cuándo el cuadríceps no había girado adecuadamente; cuándo nos habíamos atrasado un compás al entrar en escena. Aprendí allí a controlar mi cuerpo; a endurecer la columna y usarla para impulsar los saltos. Siempre había que cuidar el pie punteado; las piernas, desde la ingle hasta el talón, lo más larga y elevada posible; la pantorrilla, como acero.

    Controlábamos el cuello, la mirada, la posición de la mano, la pelvis como centro de gravedad, la elasticidad de la espalda era fundamental para dibujar los movimientos sensuales de aquella hermosa música con que la maestra nos dominaba.

    Es cierto, ensayábamos horas, horas, horas… Diario, diario, diario…Clase mañana y tarde, disciplina férrea. Salud a prueba de todo, insólita resistencia ante el calor o el frío.

    Eramos diosas. 

Bailé muchas coreografías. El Bolero, de Maurice Ravel; Huapango, de Pablo Moncayo; La valse, de Debussy, y otras. Con Beatriz Juvera compartí una coreografía llamada “Xtabay”. Yo (en la foto) era El Caminante; aquel ser desdichado que se pierde en la selva yucateca, según la leyenda, hechizado por la belleza de una mujer que atrapa fatalmente a los extraviados.

    Martha nos vestía de hombres a las más altas; no había cuerpos masculinos disponibles, para las coreografías. Claro que nosotras nunca jamás parecíamos realmente hombres, pero el público olvidaba nuestros cuerpos curvados, para adentrarse en la historia que ella armaba para deleitarlo.

     Fui El Caminante; bailando di el drama y la soledad expresiva que la maestra me indicó; me dejé arrastrar por la música y fui al encuentro de Xtabay para cincelar, al menos en mi memoria, aquellos minutos eternos en los brazos del arte. Beatriz siempre muestra las fotos donde estamos juntas. Era una excelente bailarina; éramos muy buenas bailarinas. Yo también bailé en “Xtabay”.

Comentarios

Un Comentario »

  1. Me imaginé todo...bueno casi todo.
    Me sorprendes mucho, cada día te encuentro más involucrada en lo que es el arte.
    Felicidades!!

    felinita | 05-12-2007 - 08:20:58 GMT 7 #

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