Guerra, ángeles y demonios
He visto películas de guerra mi vida entera. Tantas… y después de mirarlas con azoro, luego indiferencia y finalmente coraje, hoy aprendo de ellas. Visualizo una estrategia de batalla, por ejemplo, en aquellas que retratan la maestría de los antiguos romanos para dominar a sus conquistados. Las que ahora reproducen los chinos y japoneses, bañando las escenas de maravillas de color y placer estético.
Tantas historias sobre la guerra, tema obsesivo de los hombres, ayudan a mi corazón femenino para ver la forma en que les ha atormentado ese impulso de destruir a sus semejantes, desde clavarles una espada en el pecho cuerpo a cuerpo, hasta enviarles una bomba nuclear que destruye ciudades enteras.
Es un impulso primigenio que, sin embargo, les deja culpa, horror, placer, sensación de dominio, miedo, rechazo, atracción oscura y perversa. Los hombres viven atormentados por la guerra; no la viven o la mueren con gozo.
Es el antípoda de lo que a las mujeres nos produce dar la vida. Para las mujeres no es –necesariamente- un gozo dar la vida. Es un instinto tan poderoso como el de los hombres cuando matan. No se puede huir de él. El acto es a veces la culminación del amor, a veces el final de un acto violento producido por un hombre.
He vuelto a ver la guerra con la mirada de un escritor: J.R.R. Tolkien. Me obsesiona. La vivió hasta el último rincón de su cuerpo y su alma; hasta llevarlo a un acto de amor, como escribir “El señor de los anillos”.
En su novela, hoy uno de los filmes más elaborados y perfectos que se han hecho, todos los hombres son guerreros. Todos los niveles de existencia terminan en la guerra. Es un acto perverso de los orcos, para arrebatar el poder. Es un acto de ambición de los hombres, para buscar ese poder. Es un acto de honor de los elfos, para luchar por las causas buenas, por la vida y la supervivencia del bien.
Me quedo con la causa de los elfos. Con Tolkien y su nostalgia de que alguna vez existieron ejércitos celestiales –como el de sus elfos, como los bíblicos- dedicados a luchar contra el mal y su general en jefe: Luzbel.
Prefiero pensar que hay una guerra para el mal y otra para el bien. Porque esperar su fin es quizás absurdo. Hasta los astros chocan y con ello se reproducen. El universo, la realidad, están hechos de fuerzas opuestas. De fuerzas en guerra; incluso en el corazón del Ser Humano.


Meneame
del.icio.us

Si antes de leer y ver esta trilogía me hubiesen preguntado por mi película y libros favoritos, tengo idea de lo que hubiera contestado. Ahora es indudable. El Señor de los Anillos es intemporal. Guerrera. Pero como bien escribiste, con una causa tan noble que hacen que veas hasta guapos a los Hobbits, Gandalf quisieras que fuera el abuelo que tal vez no tuvimos ni de cerca, con una respuesta y solución mágica para todo y El Señor Oscuro todos aquellos problemas que no nos dejan avanzar tan livianos como quisiéramos... y tal vez a sus mensajeros, los orcos, como todas aquellas personas que se encargan de arrebatarte tus sueños. Sucios, pestilentes y horripilantes.
Quisiera que si tuviera un ángel de la guarda, como tanto me insistieron cuando era pequeña, fuera como un Elfo y encontrarme un héroe como Aragorn.
Así es cómo me gusta y me encantan estas películas y estos libros.
Ay! por favor. Cómo pude olvidar a Gollum y su precioso?????
Es inexcusable. Es la razón de todo. Es la película entera. Es el fin del principio y el principio del fin. Fue un ser humano, es decir, era quien era y dejó de serlo por llegar a ser o a obtener lo que más deseaba. Es un personaje que da miedo por lo que nosotros mismos podemos llegar a convertirnos. Sólo quiere un anillo y por ello se convierte en un animal carroñero.
añgun dia leeras mi libro( np puedo decir el nombre por seguridad) lo edito dentro de un año, soy peruano y tengo 15 años mi correo electronico es leandro_2910@hotmail.com