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Margarita Oropeza, escritor (a)
MARGARITA OROPEZA ESCRITOR(A)

16/10/2007 GMT 7

Historias de amor imposible

parsyfal @ 02:03

 La primera vez que el amor del sexo opuesto rondó mi vida tenía siete años. Un vecinito tras de mi casa que, según supe después era retrasado mental, me mandó, con una amiguita vaga que teníamos en común, una cartita pidiéndome le enseñara mi colección de corcholatas.

Yo lo había visto de lejos solamente; tenía una cabeza un poco grande para su cuerpo y nunca habíamos hablado. Accedí con el pensamiento y al día siguiente estaba, inocente de mí, elaborando la respuesta a mi primera misiva de amor a plena luz y sentada en la banqueta, cuando mi padre llegó de su trabajo y sorprendió mis afanes.

 Yo no entendía aún que todos tenemos un espacio de intimidad a defender hasta con la vida, de ser necesario, incluso de nuestros padres o cualesquiera de los seres vivos, incluso los más queridos. Así que, como una burra, expliqué al señor-ogro celoso el porqué de mi profusa correspondencia. La cara que puso logró una culpa en mí que se prolongó por años. Me prohibió hacerle cartas a hombre alguno y rompió la que había empezado para mi pobre cabezoncito.


Mi admirador seguramente quería transarme con algunas corcholatas; pero era indudable que también deseaba extasiarse con mi belleza morena y las trencitas escuálidas que mi madre me hacía. No volví a saber de él. Seguramente el sentimiento de rechazo labró una desdicha tal en su vida que decidió olvidarme.        

Mi segundo enamorado llegó cuando tenía nueve años, y era un muchachito de diez u once que vivía frente a la escuela primaria donde yo estudiaba. Era sólo de niñas, así que nuestra convivencia con varones era nula. También lo había mirado sólo de lejos, pero una hermana suya era mi compañera de aula.         

Como él asistía por las tardes a su propia escuela, a la hora del recreo mañanero se aposentaba en la banqueta de su casa para verme pasar. Me veía y yo lo veía; pero no estaba enterada de que me veía por placer, hasta que su hermana me dijo, retorcida de celos y mostrándome un chocolate: “Mira, te lo mandó mi hermano, pero me lo voy a comer porque me gustan mucho”. Desde entonces, ya no vi al guardián de la banqueta de la misma manera. Luego, simplemente ya no lo vi. Se había enterado de que yo estaba enterada y desapareció, seguramente por miedo o vergüenza.        

No sé qué estragos causaba mi hermosura en su imaginación (o la de mi vecinito retrasado), porque mi fisonomía era morena, flaca, altota, con pelo artificialmente rizado y una nariz demasiado grande para mi gusto frente al espejo. En mi escuela había niñas rubias y de ojos color verde seco, regordetas y simpáticas, lagartonas bromistas que se las comían ardiendo y se burlaban de todos…        

¿Qué veían en mi? Yo no hablaba, nunca revoloteaba con las demás y me daba miedo jugar volibol; usaba vestidos severos, con pocos olanes y nunca, jamás, llevaba moños en la cabeza. Soñaba en un mundo muy distinto a aquel en que vivía, con amigos invisibles; pero eso nadie lo sabía. Deleitaba mi soledad maravillosa en las tardes de otoño, en medio del enorme jardín de mi casa y con el aire frío acariciando mi cara, bamboleándome en el columpio e imaginando que semejante placer era muy parecido a lo que sentiría cuando fuera libre: Sin cercas que me impidieran salir a jugar con mis amigos bajo la luz de la luna; sin padres tan vigilantes y celosos; sin miedo a la oscuridad; sin suspiros de aburrimiento los domingos y sin miedo a entrar a la iglesia, donde decían que oficiaba misa un hombre muy malgenioso.        

Después, cuando se me quitó la prietura en la piel y mi cuerpo adquirió algunas curvas, los enamorados fueron numerosos, pero nunca, jamás, he sabido qué atractivo me veían. Yo sólo deseaba que me conocieran, antes de desear tocarme; que me miraran a los ojos, antes que al cuerpo. Que no se asustaran porque sabía matemáticas o leía libros. Pero bueno… eso es otra historia.

Comentarios

Comentarios(3) »

  1. Debe ser que por eso que los hombres y las mujeres nunca nos entenderemos. Ellos tan físicos y nosotros tan pensantes.

    Czarina | 18-10-2007 - 00:03:21 GMT 7 #

  2. La historia de tu segundo enamorado me hizo recordar a la del enamorado de la niña de la melena negra de tercero de primaria; que cuando llega a pasar por su casa, todavía voltea y suspira, lástima que haya sido tan ploma.

    Saludos M.O.

    felinita | 19-10-2007 - 02:56:39 GMT 7 #

  3. Me recordó no al primer gran amor, sino aquel que corrí de mi casa cuando mi papá se puso a darme un sermón sobre las esperanzas que tenía para mi futuro, como una profesional, académica, etc. Pues tan me la creí, que inmediatamente le llamé al susodicho y le dije que no me buscara mas. Mas hoy no me arrepiento. Del primero ni hablemos

    Rebeca | 19-10-2007 - 11:08:54 GMT 7 #

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