Carpe diem
La tristeza rumiaba la evocación de una mirada. Lejana… ausente en el espacio, no en la vida. También el rostro de un niño perdido, cuya voz me llama desde otra dimensión.
Había en la tristeza páginas en blanco, esperando ser escritas. Olor a un pintor viejo y sabio, cuya corpulencia era un escudo contra todos los males de la Tierra.
El denso sentimiento era frío, volvía las manos como agujas gélidas, esperando la tibieza de otras que, al abrazarlas, les dieran vida.
Era el sonido de un felino hambriento, era un nublado en días sin clases, con las mejillas húmedas de lágrimas por miedo.

Meneame
del.icio.us
Llegó en silencio y como a su destino final. No preguntó si era bienvenido; lo dio por hecho. Así son los de su especie… se saben dignos de elogio por su belleza; conocen el alcance de su poder de seducción.
Exhaustos de emociones. Así quedamos cuando esta temporada se va. Niños con juguetes cuya novedad se agota, adultos silenciosos, melancólicos. Calles desiertas.


