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Compañero

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Probablemente lo causaron aquellas tardes de invierno, cuando el sol se dormía tan temprano y de regreso desde la escuela, las sombras invadían mis pasos y las luces dentro de las casas se encendían sin darme tiempo a llegar con luz al calor de hogar.

    Quizás también porque al salir de aquel antiguo edificio escolar, sus pisos de madera que daban a un sótano habitado por fantasmas, las piernas deseaban correr, alejarse de aquella penumbra sospechosa, y el corazón sólo se calmaba cuando el olor al jardín materno alcanzaba el olfato.

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...en un dulce resplandor

estrella.jpgSe me ocurre preguntarme cuántos hombres –porque siempre han sido hombres- me han saludado con la frase: “Margarita, está linda la mar…”.

   En el transcurso de mi (larga) vida ha sucedido muchas veces; quizás fue por amor a Rubén Darío, por amor al verso o por cariño a mí.

   Las tres razones son buenas.

   Sin embargo, sólo ahora he paseado otras preguntas por el corazón: ¿Alguna vez he visto un palacio de diamantes? ¿El kiosco de malaquita? ¿Era mi padre un rey? ¿Fui yo una bonita y gentil princesita?

   Por qué la frase: “Margarita, está linda la mar…” aún hoy viene a sus mentes al verme, no lo sé.

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Volar

gatitodormido.jpgAlgo espeluznante de los aeropuertos es que los rostros, maletines, peinados, siluetas y voces de la gente que deambula, jamás volverán a cruzarse con nosotros.

    Son como los pájaros migrantes, cuyas parvadas llegan de mañana o en el crepúsculo a invadir el árbol de la esquina, gorjean diciéndose cosas de su manicomio personal hasta que se hartan y revientan en vuelo cuando menos se espera.

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Última primavera

flores.jpgLos mediodías de primavera, cuando el verano empieza a tocar la puerta, corre un viento tibio. Acude al oído murmurando advertencias sobre el profundo aburrimiento que traerá el calor. Avisa que se va, que la hirviente realidad del desierto le pisa los talones y tiene que marcharse.

    Sin embargo, sigue siendo un viento agradable. Roza el cabello y lo levanta; toca la piel y aún no la quema, como cuando en agosto el sol vierte su ánimo de lava sobre el mundo. Es un viento cómplice, pero aún así, anuncia aburrimiento.

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Mother's Day


Un diamante incrustadopacopaco.jpgen el alma

Imagen de memoria cincelada

 

Te amo como el primer día

te amo desde mi razón de ser

te amaré hasta el reencuentro

y nuestro caminar de dos amores

hacia Dios                  

                  alas14.jpg 

 

Reciclado

darth_vader.jpgLas cabezas y los cascos son intercambiables; a las plataformas de aterrizaje se les pueden insertar lo mismo butacas de una cafetería para calentar los huesos, si la historia transcurre en el Himalaya o simular que, en el hiperespacio, Han Solo desea tomar allí un refresco mientras espera la próxima batalla contra Darth Vader.

    Son partículas de plástico de formas inverosímiles, todas pueden acomodarse entre sí y construir con ellas lo que la imaginación desee. Juguetes modernos, rompecabezas que los ciber-niños resuelven en un pestañeo.

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Los colores

fairyfireflies2.jpgEntre los muchos privilegios que la vida me ha concedido, está el de reconocer las flores. Nada de que sea experta, sólo que tuve su belleza entre mis dedos de niña, durante años, sin darme cuenta de su valor, lo cual también privilegia el recuerdo.

    El jardín de mi madre siempre fue un mar de color. Todavía dice que una de sus mayores alegrías infantiles era que al acudir a la escuela después de vacaciones, florecían los belenes. Son flores pequeñas, color rosa fuerte y poblaban la orilla del camino rural que la conducía a la casa de una sola aula que era su “escuela”.

    Hoy es octogenaria y tiene un jardín que deslumbra, con geranios de color rojo violento, unas hortensias dobles de lilas tonalidades, gladiolos blancos, incluso una planta que produce dalias gigantescas (amarillo pálido) más grandes que la palma de mi mano y doblan el tallo con su peso a veces, autodestruyéndose, por tanta hermosura.

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Soñar o no soñar...

lagrima.jpgNo queda más remedio que llamarle pesadilla. Pero no es eso.

   Hay muchas personas en este mundo que no han vivido esa experiencia; pero también muchas otras sí la conocen, incluso desde el Medioevo le pusieron nombre.

   Te duermes y luego despiertas. Sabes dónde estás, cómo estás, incluso tu posición… y que duermes. Entonces, quieres moverte y no puedes. Es como si tu conciencia se separara de tu cuerpo, pero sin abandonarlo. Estás preso y sientes miedo.

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Uno para el otro

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He visto unos párrafos dedicados a Adán y Eva, escritos por John Milton desde el siglo XVII. Es difícil creer que una inteligencia como la suya describiera en esa forma dos criaturas consentidas de Dios y por milenios considerados nuestros padres absolutos, desde aquella remota era de búsqueda de la libertad espiritual y el conocimiento de la ciencia. “El Paraíso Perdido”, es el libro, un clásico creado en una época aún de convicciones bíblicas. Lo que dice de ellos es hermoso:

 

“…de cuerpo recto y elevado, recto como el de los dioses, ostentando una dignidad natural y una desnudez majestuosa, parecían los señores de aquel imperio [el Paraíso], y se mostraban dignos de serlo. En sus celestiales miradas resplandecía la imagen de su creador, la verdad, la inteligencia, la santidad pura y severa, que no excluía la verdadera libertad filial.” 

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Espacios

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He soñado muchas veces lo mismo: Vivo en una casa enorme, con demasiadas habitaciones, algunas sin terminar su acomodo, su destino. Además, hay una sección trasera cerrada, que está sucia, abandonada y antes de habitarla es necesario reparar las paredes, pintarlas, escoger los muebles y sobre todo, definir para qué servirá. Es como “Casa Tomada”, de Cortázar, sólo que yo la inventé en mi inconsciente, antes de leer su cuento.

   Esta vez, en mi sueño, era esa misma casa, pero las habitaciones llenas estaban listas. Bonitas, con camas vestidas de hermosos edredones.

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