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Margarita Oropeza, escritor (a)
MARGARITA OROPEZA ESCRITOR(A)

05/05/2009 GMT 7

Teniente coronel

parsyfal @ 08:21

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Si supiera lo que logré hacer con esta fotografía que alcanza tantas décadas, estaría maravillado. Le fascinaba la tecnología. Claro que alcanzó a conocer apenas la cámara de tomar cine casero, de 8 mm; tuvo varias cámaras fotográficas en su vida y de todo guardaba estampas que detenían el tiempo.

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21/03/2009 GMT 7

Beethoven

parsyfal @ 15:10

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Quizás una razón por la cual es una figura tan influyente en mi vida sea el gesto de resentimiento que le caracteriza, pues se parece mucho al que le vi siempre a mi padre.

   En casa escuché los acordes de su música durante toda la niñez y adolescencia, que siempre fueron ideales para las noches de invierno, cuando el frío asolaba las calles y flotaban en la bruma de la noche los ángeles que en aquellos años custodiaron nuestras vidas.

  Sólo era, en la carátula de los discos, una expresión malhumorada, una melena alborotada, una mirada feroz.

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05/03/2009 GMT 7

¿Nada absoluta?

parsyfal @ 01:14

grupo_muerte.jpgTal vez es sólo un tránsito. Como una estación oscura y llena de espinas en el piso, paredes, agujas infinitamente pequeñas en el aire que te horadan los pulmones… y tienes que atravesar el andén para subirte a un vagón de tren, o un barco, quizás un autobús.

   Duele atravesar, duele en todas partes, duele tanto que llega un momento en que todo se desconecta, el dolor es insoportable y de tanto sufrir, de pronto viene la paz. Quizás es así. Una estación de tránsito.

   Y entonces el nuevo vehículo te lleva, mientras te sientes ingrávido, hacia ninguna parte material, sino hacia el amor y la paz. Hacia el descanso que te ganaste ya, pues pagaste por adelantado.

 

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28/02/2009 GMT 7

La que todos desean

parsyfal @ 10:33

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Así como mi padre adoraba España, igual admiraba a Carmen, el personaje de Próspero Merimèe y la famosa ópera de Bizet.

Ese señor tan severo y machista, tan autoritario y rotundo, sin embargo se deshacía en inquietud por un personaje literario que encarnaba a la mujer sensual y escandalosa por la que los hombres son capaces de matarse entre sí. Para mí fue un misterio y lo sigue siendo, esa debilidad por ella; aunque también admiraba al torero Escamillo, rival de Don José, que entre otros, eran los dos principales amantes de esta casquivana que, cuentan, el francés Próspero Merimèe tomó para su novela de una gitana a la cual asesinó su amante. El incidente que ocurrió durante una de sus visitas a España.

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20/02/2009 GMT 7

Siempre España

parsyfal @ 11:32

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Nunca he podido escuchar los compases de “Las Bodas de Luis Alonso” sin imaginarme a mi madre bailando. Ella era bonita y siempre ha sido romántica, de tal suerte que al escuchar las castañuelas, su cuerpo se movía con un instinto alegre para disfrutar la música.

   La casa estaba llena de aires españoles, influidos por Cecilia, la escritora que había cruzado el mar desde la península para buscar un refugio en nuestro país agreste y lleno aún de cicatrices, mientras el suyo sangraba.

   O quizás este aire peninsular lo ponía el alma romántica de mi padre, pues quizás aprendió a amar España a través de ella. Conversaban durante horas y enriquecían el ambiente con palabras complejas, que formaban interrogantes en mi mente. Las guardaba con celo y muchos años después las descifré, cuando aprendí a leer los libros que acostumbré acumular, como ellos, en los estantes caseros.

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27/12/2008 GMT 7

Luz para la dicha

parsyfal @ 00:52

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Mágico, alucinante, un encantamiento… eso ha sido siempre para mí contemplar los brillos de colores. Nada original, ¿eh? A todo el mundo le pasa, aunque nadie lo expresa: Se considera “cursi”, de gusto pobretón, barato.

Brillo elegante, el de los diamantes, dicen: Un caleidoscopio de luz blanca con matices del arcoiris, de tamaño discreto y bailando el la mano de una mujer con dinero (eso sí es “barato” digo yo).

   Brillos de colores tenían los aretes de cinco pesos que compraba en mi adolescencia. Es cierto que no me atrevía a ponérmelos para no llamar la atención sobre mi cara, que nunca sentí bonita. Los atesoraba, los coleccionaba, compraba y compraba; el momento mejor era al escogerlos en el mercado y contemplarlos contra la luz.

   Después coleccioné prendedores con brillitos. Luego, pulseras y dijes. Todo lo guardaba, siempre el brillo en mi humanidad me ha parecido exagerado; uso un poquito aquí y allá nada más. ¿Por qué, si encuentras –los brillos- en cada rincón de cada tienda de baratijas del universo? Y las joyerías son paraíso para la mirada, con sus aguamarinas, los zafiros, rubíes, bué… hasta las humildes circonias son maravillosas si les da adecuadamente la luz.

   Ver los brillos me hace feliz. De colores… muchos colores. Como quizás gozan todos los niños del mundo, por esa atracción natural hacia el color y la luz que todos tenemos.

   ¿Será porque así es el Paraíso, es decir el Hogar Supremo, la Casa de Todos? Debe ser… No en balde las estrellas “brillan” y titilan. No es gratuito que Dios decidiera que nuestros ojos percibieran el cielo “tachonado de estrellas” como dice todo el mundo, sólo durante la noche, cuando el espíritu se guarda a sí mismo en la contemplación.

   No es por nada que esas estrellas brillan como diamantes en número infinito, y nos idiotiza imaginar la inmensidad eterna en la que flotan. Tampoco es una casualidad que el Universo esté plagado de masas de polvo cósmico de colores alucinantes, supernovas que la imaginación no alcanza a concebir, galaxias que parecen cofres llenos de las joyas más preciosas que Dios inventa.

   Los brillos de colores deben invadir asimismo el microcosmos… quién pudiera esperar a que la tecnología nos lleve hasta allí, para deleitarse también allí los infinitos brillos de colores con que el dedo de Dios decidió sorprendernos, cuando seamos lo suficientemente humildes para simplemente respetar tanta belleza, aunque no seamos capaces de comprenderla.

 

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16/12/2008 GMT 7

Jactancia

parsyfal @ 23:35

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Perdí mi contador de visitas. El servidor que las surte está fallando o mi máquina entró en una fase depresiva. No tengo idea. Me puse furiosa; tenía registradas más de 15 mil visitas a este lugarcito que, jamás imaginé, comenzó como un rincón confesional y terminó interesándole a mis amigos y hasta a amables desconocidos.  

Cosa horrible. Me ofendí, quise reclamar a quienes en alguna ocasión me lo ofrecieron ¡gratis! sin apercibirme de que gratuitas no son, esas cosas. Te encasquetan chinches y cookies que ni siquiera puedes ver o evitar. Truculencias de la cibernavegación me ponen en sus manos al aceptar esos lindos detallitos que adornan el diario divertimento visual que es la Internet. Total que la diva (o sea yo) se ofendió. No podía creer que dejaría de presumir mis 15 mil o más visitas.

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06/12/2008 GMT 7

Cha Cha Chá

parsyfal @ 14:16

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Sí, estoy de acuerdo que cuando esa palabra, cantada tres veces, representaba un alegre baile, amarraban los perros con longaniza todavía.
Es más, yo ni siquiera había nacido (aquí agrégale lo que quieras).
Pero cierto es que ese ritmo nació con un movimiento de caderas caribeño imposible de negar y estaba en su momento de moda aquel fin de año escolar en que a la bendita maestra de cuarto año se le ocurrió escogernos –a cinco desdichadas- para bailar una melodía con ese ritmo. Yo la había escuchado en la radio muchas veces, pero la ingenuidad a punto de idiotez que me caracteriza impidió que percibiera el contenido erótico del caso. Así que cuando nuestra querida maestra Alicia nos enseñó los pasos, bailábamos como un palo de escoba con las ramitas torcidas abajo, raspando la suela en sentido horizontal de cualquier forma, con tal que lo hiciéramos al compás.

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28/11/2008 GMT 7

Madrugar al fracaso

parsyfal @ 01:22

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Si he de contarte la verdad, aquello era la peor parte de mi día: Despertar a las cinco de la mañana y tomar conciencia de mi deber: Levantarme a morir de frío, arreglarme casi a oscuras para no despertar a mis primos, tíos y demás… salir con la mañana aún muy oscura para estar antes de las seis en la esquina de la parada del camión.

   Si lograba tomarlo pronto viajábamos cuarenta minutos a golpeteo total, entre calles empedradas y postes cuyos focos despedían una luz amarilla, melancólica y que inspiraba al bostezo. Poco a poco la ciudad cobraba cemento y postes con luz blanca hasta la esquina donde había que bajar. El día no clareaba todavía, eran las mañanas de enero.

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23/11/2008 GMT 7

Que no puede ser...

parsyfal @ 03:36

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Que no es posible. Que los felinos se atraen como imanes. Que por alguna razón mística obedecen a la naturaleza y se unen con sus iguales aún en el intrincado y pestilente crisol de los olores humanos de la urbe. Que terminó llegando a las cercanías porque supo que en los metros cuadrados donde vivo amamos a los gatos.

   Las primeras veces que lo vi fue de la cintura hacia los cuernos traseros que formaban sus huesos ilíacos; era como un cadáver cubierto de pelos. Color amarillo de un pálido de inanición. Su terror y estado de alerta no alcanzaba a soportar siquiera que me acercara a ver quién andaba tratando de robarse la comida del otro gato entenado, un negro esquelético que llegó a causar lástimas el invierno pasado y ahora vive en el techo de mi casa.

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