Que no puede ser...
Que no es posible. Que los felinos se atraen como imanes. Que por alguna razón mística obedecen a la naturaleza y se unen con sus iguales aún en el intrincado y pestilente crisol de los olores humanos de la urbe. Que terminó llegando a las cercanías porque supo que en los metros cuadrados donde vivo amamos a los gatos.
Las primeras veces que lo vi fue de la cintura hacia los cuernos traseros que formaban sus huesos ilíacos; era como un cadáver cubierto de pelos. Color amarillo de un pálido de inanición. Su terror y estado de alerta no alcanzaba a soportar siquiera que me acercara a ver quién andaba tratando de robarse la comida del otro gato entenado, un negro esquelético que llegó a causar lástimas el invierno pasado y ahora vive en el techo de mi casa.


Meneame
del.icio.us
Llegó en silencio y como a su destino final. No preguntó si era bienvenido; lo dio por hecho. Así son los de su especie… se saben dignos de elogio por su belleza; conocen el alcance de su poder de seducción.
