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Margarita Oropeza, escritor (a)
MARGARITA OROPEZA ESCRITOR(A)

Archivo: Marzo 2009

21/03/2009 GMT 7

Beethoven

parsyfal @ 15:10

                         beeethoven-monumento.jpg   

 

Quizás una razón por la cual es una figura tan influyente en mi vida sea el gesto de resentimiento que le caracteriza, pues se parece mucho al que le vi siempre a mi padre.

   En casa escuché los acordes de su música durante toda la niñez y adolescencia, que siempre fueron ideales para las noches de invierno, cuando el frío asolaba las calles y flotaban en la bruma de la noche los ángeles que en aquellos años custodiaron nuestras vidas.

  Sólo era, en la carátula de los discos, una expresión malhumorada, una melena alborotada, una mirada feroz.

 

   Mucho tiempo tardé, mucho en verdad, para comprender que era, todo aquello en su rostro, la realización orgánica de la pasión, en su cuerpo.

Esa misma pasión brotaba de los poros en la piel de mi padre, y la manifestaba pintando.

   Yo, en la soledad de mis entendederas y para lograr la empatía con él, hube de recorrer muchos caminos de la vida y escuchar por décadas, una y otra vez, los ires y venires de los “maestoso” y “allegro vivace” que me hacía vibrar de forma extraña, desde los huesos hacia fuera. En la niñez porque lo empezaba a aprehender, en la adolescencia porque lo reconocía de tanto saberlo y donde quiera, en la juventud porque me contagiaba, sin yo saberlo claramente y además porque lo llevaba en los genes, del más auténtico Romanticismo que imaginarme pudiera.

   Pero aún no lo sabía. Aquella emoción profunda que finalmente sentí, después de escuchar cientos de veces la Quinta Sinfonía (que a mi padre obsesionaba), llegó sola y no por insistencia que surgiera del aire mientras la música entraba en mi, sino porque ésta conectó con la pasión soterrada de mis venas, el latir escandaloso de mi corazón ante la belleza de una emoción auténtica como el deseo de justicia o al sentir el huracán desatado del amor. Y mi flama se prendió.

   Fue él, Ludwig a través del tiempo, que terminó tocando con su luz mi entendimiento para comprender lo que es un corazón apasionado por la vida, enamorado de la Creación y pupilo directo de Dios.

   Después, mucho después de encendida la flama que me ayudó a comprenderlo, de haber coleccionado casi toda su música, hoy le escucho en el aire sin que nadie o nada esté tocándolo; recuerdo su rostro en sus retratos y compadezco infinitamente su desdicha, pues los genios absolutos no son de este mundo y vienen sólo a padecer un infierno personal por la incomprensión de sus semejantes, mientras transmiten su sabiduría para indicarnos caminos nuevos para engrandecer el espíritu.

(En la foto, escultura de Francesco Jerace, del Conservatorio de música S.Pietro a Maiella, Napoles-Italia)

http://www.youtube.com/watch?v=vQVeaIHWWck

(Sonata "Claro de Luna")

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05/03/2009 GMT 7

¿Nada absoluta?

parsyfal @ 01:14

grupo_muerte.jpgTal vez es sólo un tránsito. Como una estación oscura y llena de espinas en el piso, paredes, agujas infinitamente pequeñas en el aire que te horadan los pulmones… y tienes que atravesar el andén para subirte a un vagón de tren, o un barco, quizás un autobús.

   Duele atravesar, duele en todas partes, duele tanto que llega un momento en que todo se desconecta, el dolor es insoportable y de tanto sufrir, de pronto viene la paz. Quizás es así. Una estación de tránsito.

   Y entonces el nuevo vehículo te lleva, mientras te sientes ingrávido, hacia ninguna parte material, sino hacia el amor y la paz. Hacia el descanso que te ganaste ya, pues pagaste por adelantado.

 

 

Quizás es, sin embargo, un sopor terrible mientras se flota en el sufrimiento; la anoxia, el dolor de una herida en la carne, el frío gradual de la pérdida de sangre… qué sé yo. El dolor simplemente, ése material y seco, el que no te deja pensar y sólo deseas abandonar el cuerpo para dejar de sentirlo. Y luego… te desprendes, se acaba, flotas, te alejas por vehículos cuánticos hacia otra dimensión donde no hay realidad, sólo conciencia, y una sabiduría serena que lo penetra todo, que nada cuestiona, nada espera, nada construye ni destruye, sólo ES.

 

En cuanto a si después de semejante “tránsito” sólo es vacío; en cuanto a que NADA hay detrás de ese paso aterrador… es contra la razón.

    ¿Tendría sentido vivir si así fuera? ¿Cuál sería el fin de aprender tanto sobre el amor, sobre lo valioso del bien, sobre la compasión y todo lo bueno de la realidad? ¿Tirarlo en la nada? ¿Hacia dónde va lo que se aprende, que finalmente es energía buena?

    La NADA absoluta no existe. Es un concepto contra la razón.

    Algo hay más allá. Y es bueno. Más allá sólo Dios. Y DIOS es un tema demasiado complejo para pensarlo; en cambio en muy fácil y hermoso sentirlo.

 

   Con todo… no siento miedo. Sólo expectación y esperanza, porque al menos del otro lado hay otra cosa. Algo más, distinto y mejor. Y algo es seguro: Sufrimiento, NO HAY.

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