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Margarita Oropeza, escritor (a)
MARGARITA OROPEZA ESCRITOR(A)

Archivo: Febrero 2009

28/02/2009 GMT 7

La que todos desean

parsyfal @ 10:33

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Así como mi padre adoraba España, igual admiraba a Carmen, el personaje de Próspero Merimèe y la famosa ópera de Bizet.

Ese señor tan severo y machista, tan autoritario y rotundo, sin embargo se deshacía en inquietud por un personaje literario que encarnaba a la mujer sensual y escandalosa por la que los hombres son capaces de matarse entre sí. Para mí fue un misterio y lo sigue siendo, esa debilidad por ella; aunque también admiraba al torero Escamillo, rival de Don José, que entre otros, eran los dos principales amantes de esta casquivana que, cuentan, el francés Próspero Merimèe tomó para su novela de una gitana a la cual asesinó su amante. El incidente que ocurrió durante una de sus visitas a España.

 

En la novela y la ópera Carmen, la gitana coqueta y hermosa, enamora a don José –un soldado raso encargado de custodiarla mientras está presa por un pleito callejero-, lo seduce para que la deje libre y le promete todo. El acepta y cae rendido; pierde su libertad y después su dignidad, porque renuncia a todo con tal de seguir con siendo su amante. Se van juntos a vivir con los contrabandistas, a errar por las montañas.

En algún momento ella conoce al torero Escamillo, quien también la enamora y ella le dice que la espere, mientras termina su romance con Don José. Finalmente José tiene que volver a su casa en el campo para atender a su madre moribunda, y es allí donde Carmen aprovecha para dejarlo.

El ex soldado la sigue, la saca de la plaza de toros donde Escamillo triunfa y ella, ya como su amante, le acompaña. José le pide que vuelva con él, la amenaza, le ruega, se humilla… ella se niega rotundamente y José la asesina clavándole un puñal en el vientre.

La historia de Carmen es tan vieja como la humanidad. La mujer seductora que fascina a los hombres, y quiere con todos. Sin embargo, la gitana de Merimèe tiene un sello de libertad que nadie puede poner en duda y lo peor, es honesta al acostarse con quien le dá la gana, actitud que después de todo es una venganza por la forma violenta con que los hombres quieren dominarla.

Don José es un pobre diablo que se esclaviza ante las “virtudes” sexuales de Carmen; Escamillo es un hombre osado, de valor, el héroe que toda mujer admira. Ambos se pertenecen, son uno para el otro. Todo termina en tragedia.

Mi padre admiraba a Carmen; supongo que todos los hombres podrían sucumbir ante ella si la tuvieran enfrente. Debe ser un reto para el ego masculino dominar a una mujer así. Debe ser una tragedia, para una mujer, ser hermosa y libre, usar su sexo como lo desee mientras encuentra al hombre que, furioso, decide destruirla para liberarse.

(La mujer en la foto es la modelo española Paz Vega, interpretando a Carmen en la última versión fílmica de la tragedia)

http://www.youtube.com/watch?v=djsuP0uta7s 

(versión "Habanera", de la ópera)

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20/02/2009 GMT 7

Siempre España

parsyfal @ 11:32

pintura-flamenca2.jpg 

Nunca he podido escuchar los compases de “Las Bodas de Luis Alonso” sin imaginarme a mi madre bailando. Ella era bonita y siempre ha sido romántica, de tal suerte que al escuchar las castañuelas, su cuerpo se movía con un instinto alegre para disfrutar la música.

   La casa estaba llena de aires españoles, influidos por Cecilia, la escritora que había cruzado el mar desde la península para buscar un refugio en nuestro país agreste y lleno aún de cicatrices, mientras el suyo sangraba.

   O quizás este aire peninsular lo ponía el alma romántica de mi padre, pues quizás aprendió a amar España a través de ella. Conversaban durante horas y enriquecían el ambiente con palabras complejas, que formaban interrogantes en mi mente. Las guardaba con celo y muchos años después las descifré, cuando aprendí a leer los libros que acostumbré acumular, como ellos, en los estantes caseros.

 

   El ceceo español fue natural a mi oído durante los años niños. Los verbos conjugados de manera extraña, usando íes y eses al final, me hacían preguntarme qué sentido tenía hacer las palabras más largas para decir lo mismo.

 

España se aposentó en mi casa los domingos con las voces ceceantes y la conversación interminable. Con las corridas de toros que mi padre seguía y buscaba con obsesión extraña. Con los sombreros andaluces que me compraba en las plazas donde a mis nueve años veía yo sacrificar un toro de forma despiadada sin alterar mis nervios. Las castañuelas, las banderillas eran objetos que rodaban por casa sin que tuvieran utilidad concreta, ni siquiera el ornato; sólo dejaban el rastro del amor por España, que a veces olía al perfume profundo de Cecilia y a su sonrisa perenne.

   Mi madre bailaba Las bodas de Luis Alonso, todavía muchos años después de que Cecilia se fue. Ella también se enamoró de España.

   Yo fui a conocerla hace tiempo y fue como si volviera a casa. Pero una cosa fue reconocer los espacios y el ceceo… la música y aquella calma sonriente de la escritora.

   Pero los demás españoles, después de Cecilia, no termino de convencerme de que me son simpáticos.

http://www.youtube.com/watch?v=wiBty5Pzl5A

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