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Archivo: Diciembre 2008

Luz para la dicha

parsyfal 27/12/2008 @ 00:52

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Mágico, alucinante, un encantamiento… eso ha sido siempre para mí contemplar los brillos de colores. Nada original, ¿eh? A todo el mundo le pasa, aunque nadie lo expresa: Se considera “cursi”, de gusto pobretón, barato.

Brillo elegante, el de los diamantes, dicen: Un caleidoscopio de luz blanca con matices del arcoiris, de tamaño discreto y bailando el la mano de una mujer con dinero (eso sí es “barato” digo yo).

   Brillos de colores tenían los aretes de cinco pesos que compraba en mi adolescencia. Es cierto que no me atrevía a ponérmelos para no llamar la atención sobre mi cara, que nunca sentí bonita. Los atesoraba, los coleccionaba, compraba y compraba; el momento mejor era al escogerlos en el mercado y contemplarlos contra la luz.

   Después coleccioné prendedores con brillitos. Luego, pulseras y dijes. Todo lo guardaba, siempre el brillo en mi humanidad me ha parecido exagerado; uso un poquito aquí y allá nada más. ¿Por qué, si encuentras –los brillos- en cada rincón de cada tienda de baratijas del universo? Y las joyerías son paraíso para la mirada, con sus aguamarinas, los zafiros, rubíes, bué… hasta las humildes circonias son maravillosas si les da adecuadamente la luz.

   Ver los brillos me hace feliz. De colores… muchos colores. Como quizás gozan todos los niños del mundo, por esa atracción natural hacia el color y la luz que todos tenemos.

   ¿Será porque así es el Paraíso, es decir el Hogar Supremo, la Casa de Todos? Debe ser… No en balde las estrellas “brillan” y titilan. No es gratuito que Dios decidiera que nuestros ojos percibieran el cielo “tachonado de estrellas” como dice todo el mundo, sólo durante la noche, cuando el espíritu se guarda a sí mismo en la contemplación.

   No es por nada que esas estrellas brillan como diamantes en número infinito, y nos idiotiza imaginar la inmensidad eterna en la que flotan. Tampoco es una casualidad que el Universo esté plagado de masas de polvo cósmico de colores alucinantes, supernovas que la imaginación no alcanza a concebir, galaxias que parecen cofres llenos de las joyas más preciosas que Dios inventa.

   Los brillos de colores deben invadir asimismo el microcosmos… quién pudiera esperar a que la tecnología nos lleve hasta allí, para deleitarse también allí los infinitos brillos de colores con que el dedo de Dios decidió sorprendernos, cuando seamos lo suficientemente humildes para simplemente respetar tanta belleza, aunque no seamos capaces de comprenderla.

 

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Jactancia

parsyfal 16/12/2008 @ 23:35

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Perdí mi contador de visitas. El servidor que las surte está fallando o mi máquina entró en una fase depresiva. No tengo idea. Me puse furiosa; tenía registradas más de 15 mil visitas a este lugarcito que, jamás imaginé, comenzó como un rincón confesional y terminó interesándole a mis amigos y hasta a amables desconocidos.  

Cosa horrible. Me ofendí, quise reclamar a quienes en alguna ocasión me lo ofrecieron ¡gratis! sin apercibirme de que gratuitas no son, esas cosas. Te encasquetan chinches y cookies que ni siquiera puedes ver o evitar. Truculencias de la cibernavegación me ponen en sus manos al aceptar esos lindos detallitos que adornan el diario divertimento visual que es la Internet. Total que la diva (o sea yo) se ofendió. No podía creer que dejaría de presumir mis 15 mil o más visitas.

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Cha Cha Chá

parsyfal 06/12/2008 @ 14:16

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Sí, estoy de acuerdo que cuando esa palabra, cantada tres veces, representaba un alegre baile, amarraban los perros con longaniza todavía.
Es más, yo ni siquiera había nacido (aquí agrégale lo que quieras).
Pero cierto es que ese ritmo nació con un movimiento de caderas caribeño imposible de negar y estaba en su momento de moda aquel fin de año escolar en que a la bendita maestra de cuarto año se le ocurrió escogernos –a cinco desdichadas- para bailar una melodía con ese ritmo. Yo la había escuchado en la radio muchas veces, pero la ingenuidad a punto de idiotez que me caracteriza impidió que percibiera el contenido erótico del caso. Así que cuando nuestra querida maestra Alicia nos enseñó los pasos, bailábamos como un palo de escoba con las ramitas torcidas abajo, raspando la suela en sentido horizontal de cualquier forma, con tal que lo hiciéramos al compás.

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