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Margarita Oropeza, escritor (a)
MARGARITA OROPEZA ESCRITOR(A)

Archivo: Junio 2008

23/06/2008 GMT 7

Porque la vida es sueño

parsyfal @ 12:34

chicaconluzchica.jpgLa vida puede pasar tres veces por el ojo de una aguja, mientras luchamos con ella por hilvanar los pedazos que no comprendemos.

    Que si en la niñez la fantasía era tan natural. Por qué creíamos a pie juntillas en los bosques donde habitaban brujas y hadas. Cuántas veces y por qué nos quedamos deseando los dulces prohibidos. De las veces que nos caímos del árbol o nos raspamos las rodillas no queda una sola memoria, mientras que sí está cincelada aquella fiesta en la cual nadie nos invitó a bailar.

 

    Que si en la adolescencia nuestro cuerpo se transformaba… y de un año a otro no sabíamos si la nariz se nos quedaría así de fea o si nos crecerían un poco más los senos.

    Después no alcanzamos a saber cómo fue posible que un cuerpo humano nuevo, habitado por un espíritu distinto al nuestro, se formara en nuestro vientre… despacio… para luego robarnos la vida de manera tan inocente.

    Cómo sobrevivimos a los terribles cambios del cuerpo, es un misterio.

    Cómo es posible observar ante el espejo poco a poco, que la piel cobra un color y textura distintos. Cuánto dejamos de parecernos a nosotros mismos cada mes, cada año. Cómo se esfuman en el pasado nuestras pupilas reales, mientras las nuevas se van entristeciendo.

 

Y sin embargo… nuestro espíritu es inmutable. Reímos por las mismas causas que en la infancia; amamos las mismas cosas de la naturaleza: Los atardeceres, las noches estrelladas, los árboles grandes.

    El espíritu no cambia, sólo aprende. No se desgasta, sólo crece en su capacidad de vivir las emociones. Las buenas… las malas pasan y se olvidan si realmente somos aprendices eficientes de la vida, que pasa tres veces por el ojo de una aguja, mientras hilvanamos los sueños, esperando que se cumplan.

    Y los sueños a punto de cumplirse llegan, nos acarician, llaman nuestra atención con perfumes que seducen y si no estamos atentos el cuerpo cambia, pasa por el tiempo, que lo consume, y ellos se van de nuevo al arcón del tiempo a esperar una oportunidad para volver.

    Los sueños pueden pasar de largo mientras intentamos hilvanar la vida, comprenderla mientras el cuerpo se va destruyendo poco a poco.

    Pero la vida es para vivirla, no siempre para entenderla.  

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15/06/2008 GMT 7

Compañero

parsyfal @ 14:31

lunamariposa.bmp

Probablemente lo causaron aquellas tardes de invierno, cuando el sol se dormía tan temprano y de regreso desde la escuela, las sombras invadían mis pasos y las luces dentro de las casas se encendían sin darme tiempo a llegar con luz al calor de hogar.

    Quizás también porque al salir de aquel antiguo edificio escolar, sus pisos de madera que daban a un sótano habitado por fantasmas, las piernas deseaban correr, alejarse de aquella penumbra sospechosa, y el corazón sólo se calmaba cuando el olor al jardín materno alcanzaba el olfato.

 

     Es probable que también sea porque desde dentro de casa y al asomarme a la calle nocturna, sólo me reflejaba un foco amarillento en el poste y más allá, una oscuridad profunda sólo era consolada por el cielo tachonado.

     O fue por mi habitación sola, mi muñeca preferida tan callada, el sueño de los perros justo del otro lado de mi pared que daba al patio, el silencio de mis padres durmiendo… el frío del aire afuera, en suspenso, mientras yo trataba de seducir el sueño, acariciándolo… y no llegaba.

     Una soledad marcada por la resignación; un juego en el cual conversaba conmigo misma mientras me observaba –también callado- mi amigo imaginario.

     Tal vez fue gestándose desde aquellas tardes de fantasmas y sol que abandonaba mi vida, el miedo a la soledad. Un abandono irremediable y siempre alerta, siempre acechando en la oscuridad para pedirme cuentas.

     Qué acto malo cometiste hoy. A quién trataste mal. Cuántos pecados de omisión ante gente que te espera perfecta. Qué criminal pequeñísimo error será tu culpa mañana, cuando nadie –de nuevo- te diga que te quiere.

Quizás fue solamente que tras la oscuridad me esperaba la vida, lo desconocido.

     Hoy sigue allí la oscuridad, la vida ha transcurrido, me abandona… tal vez por eso el miedo también sigue allí.

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09/06/2008 GMT 7

...en un dulce resplandor

parsyfal @ 04:45

estrella.jpgSe me ocurre preguntarme cuántos hombres –porque siempre han sido hombres- me han saludado con la frase: “Margarita, está linda la mar…”.

   En el transcurso de mi (larga) vida ha sucedido muchas veces; quizás fue por amor a Rubén Darío, por amor al verso o por cariño a mí.

   Las tres razones son buenas.

   Sin embargo, sólo ahora he paseado otras preguntas por el corazón: ¿Alguna vez he visto un palacio de diamantes? ¿El kiosco de malaquita? ¿Era mi padre un rey? ¿Fui yo una bonita y gentil princesita?

   Por qué la frase: “Margarita, está linda la mar…” aún hoy viene a sus mentes al verme, no lo sé.

    Debe ser por lo bonito de mi nombre, no lo bonita que yo era. No lo era.

Bien mirado nadie, nunca, hizo desfilar cuatrocientos elefantes a la orilla de la mar, sólo para hacerme feliz.

   Sí recibí los regaños por abrazar sueños imposibles. Sí llegué a repetirme, para buscar los sueños: "No mentía y así, dije la verdad: Fui a cortar la estrella mía a la azul inmensidad".

   Muchas veces he ido detrás de una estrella; en muchos sueños me la he puesto de prendedor en el pecho, y su luz siempre se apagó al despertar.

   Algunas de esas estrellas son historias de las que he deseado ser protagonista. Incluso las más tristes. Vivirlas en otra dimensión, donde la felicidad también es muy difícil de alcanzar, pero cuando llega, ya no se va.

   Rubén Darío nunca supo el daño que hacía a las Margaritas, cuando escribió el poema. Todas ellas se sienten princesas y luego comprenden que están descalzas; que con diamantes no se hacen palacios, que las estrellas no se alcanzan… aunque parezca que, sin duda, están en las manos.

   Es sólo un sueño: Alcanzar una estrella y ponerla en el pecho. Dios aprueba que las Margaritas hagan eso, pero el mundo, no.

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03/06/2008 GMT 7

Volar

parsyfal @ 00:17

gatitodormido.jpgAlgo espeluznante de los aeropuertos es que los rostros, maletines, peinados, siluetas y voces de la gente que deambula, jamás volverán a cruzarse con nosotros.

    Son como los pájaros migrantes, cuyas parvadas llegan de mañana o en el crepúsculo a invadir el árbol de la esquina, gorjean diciéndose cosas de su manicomio personal hasta que se hartan y revientan en vuelo cuando menos se espera.

     En las salas de abordar donde me paseé entre los extremos arrastrando una maleta de ruedas por diez horas, surgían arroyos de gente de las puertas cada media hora.

    Qué diversidad de formas puede tener el cuerpo humano… ancho o estrecho; temeroso u osado, voluminoso o menudo, apocado o fanfarrón, joven o viejo… La mitad de esa humanidad hablaba por su celular, unos pocos trabajaban en su lap-top, otros escuchaban música aislados del universo a oreja tapada…

    De 38 ó 40 personas sólo una era bella. Personas realmente guapas, en diez horas vi tres o cuatro y sólo uno era hombre. Eran mexicanos, ni modo…

    Recibí el aroma de perfume de hombre varias veces. Oleadas de hablar-de-rico-veeees?, cantadito y sangroncito, a cada rato.

    Mi cansancio era como un mar de plomo, donde trataba de flotar en vano. Una piedra de Sísifo que nadie hubiera deseado. Mis piernas tenían madera en lugar de tendones, mis músculos eran globos llenos de sangre pura.

    Acepté la derrota y abracé mi maleta de mano; recliné la cabeza entre los brazos y me hundí en el sueño como un vago de cualquier ciudad posmoderna. La noción de la vida me abandonó; el mar de plomo jaló de mis pies hasta tocar la arena del fondo y la inconsciencia hizo su labor misericordiosa: descansé.

    Al despertar tenía una raya roja en mi mejilla; los brazos me hormigueaban.

    ¿Cuántas veces la mujer de intendencia cruzó el brillante piso, mientras mi siesta?, ¿cuántos cafés vendió el puestecito verde?, ¿cuántas hamburguesas de oro (a diez mil pesos cada una) vendió “Wings”? A quién le importa…

    Lo único real es que llegó el minuto de abordaje. Había pasado el sol de punta a cabo en el horizonte, mientras yo viví en ese pedazo de aeropuerto. Fue como la sombra de un secuestro; como asomarse al Limbo de los distraídos. Poco después de finalizar ese momento vacío de mi existencia, una bellísima mancha naranja de luces dominaba el suelo mientras en el cielo, entre la bruma, no podían distinguirse las estrellas.

     La luna, todavía no salía a exhibir su cuarto menguante.

gatitoconalas.jpg

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