Cartas a Adán (uno)
Sin pena, porque al no sentir la pasión o anhelarla, nadie sufre, no hay pena… pero tampoco goza; entonces tampoco hay gloria.
Eva es un nombre, querido, que nunca me ha gustado. No sé qué opines del tuyo. Nuestro Padre decidió llamarnos según su deseo y eso me parece de inicio, algo que contradice su mayor regalo: El libre albedrío. Además de que, al ejercerlo, lo único que hice fue ganarme un castigo para toda la eternidad… ¿qué de malo había en ofrecerte la manzana? ¿No era eso lo que deseábamos ambos? ¿Qué sentido tenía seguir existiendo sin pena ni gloria en el Paraíso?
De verdad, Adán… no entiendo nada. Padre se contradice. Otro error suyo fue construirme con una de tus costillas. Eso te obligó a considerarme una parte tuya. Así soy un verdadero problema para ti… ¿no te parece? Desde entonces, desde que Padre me hizo de tu costilla, tienes que cargar conmigo. Mandarme, según tú. Y yo tengo que suplicarte y hacerme la víctima para que te sientas superior a mí y por lo tanto, satisfecho.
¿Padre dijo que tú eras mejor que yo? ¿O que yo sería mejor que tú? “Compañera te doy, y no esclava” dijo… ¿no es así? Ya no recuerdo bien, amor; debiéramos buscar juntos la respuesta.
Ya casi termino de cocinar el pan y la sal está en la mesa. Ese pequeño cordero que trajiste ayer me ha dado compasión sacrificarlo y está vivo aún. Comeremos sólo pan con sal y te suplicaré que no te enojes. Tú mandarás que mañana lo ase y yo te diré que está bien… fingiré que te obedezco.
Entonces te daré un beso y te pediré me concedas el don de tus caricias. Aunque la serpiente haya ganado la partida, por lo pronto… porque no es así; estoy segura. Amarte es algo hermoso; y aunque Padre esté enojado con nosotros, es la más grande felicidad que podemos tener fuera del Paraíso.
Algo más: El nombre de Eva, nunca me gustó. Ah… ¿ya lo mencioné?

Meneame
del.icio.us
Soy cinéfila desde antes de aprender a hablar. Mis padres nunca tuvieron niñera; me madre cargaba conmigo –literalmente- durante toda la función en los westerns, filmes de guerra y musicales gringos que antaño ambos veían y era casi su única diversión. El ruido de las voces y las imágenes en la pantalla me privaban plácidamente del conocimiento en los brazos de ella. Por eso ir al cine, para mí era casi mejor que permanecer en casa. Dormía en un sitio más tibio y blando.
Hoy el aire se transformó en luz y brillaban en él sus partículas. Como si un polvo finísimo de oro nos envolviera a todos.
En nuestra era del insomnio, vi la película de alienígenas hasta muy tarde y sin problemas, ¿quién quiere dormir, después de todo? Logré verla completa, lo cual es una suerte, pues ya nada causa asombro. Los seres importados del espacio eran virus… inteligentes. Buena idea.
Hoy noche me está esperando en el buró una película de suspenso. Hace rato la traje y es de alienígenas. Ahora se dice así; en tiempos de la longaniza eran “marcianos”. Suelen llamarse, en el catálogo donde las alquilas, de “terror”. En aquellos días, las películas de terror bien podían provocar risa por los míseros maquillajes que portaban los actores. Máscaras de hule burdo, ojos saltones que no se movían, manos con garras de cartón que no lograban rasguñar, menos arrancar cabezas de golpe, como hacen ahora.