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Margarita Oropeza, escritor (a)
MARGARITA OROPEZA ESCRITOR(A)

Archivo: Febrero 2008

28/02/2008 GMT 7

Cartas a Adán (uno)

parsyfal @ 02:51

evapequena.jpg   Eva es un nombre, querido, que nunca me ha gustado. No sé qué opines del tuyo. Nuestro Padre decidió llamarnos según su deseo y eso me parece de inicio, algo que contradice su mayor regalo: El libre albedrío. Además de que, al ejercerlo, lo único que hice fue ganarme un castigo para toda la eternidad… ¿qué de malo había en ofrecerte la manzana? ¿No era eso lo que deseábamos ambos? ¿Qué sentido tenía seguir existiendo sin pena ni gloria en el Paraíso?

    Sin pena, porque al no sentir la pasión o anhelarla, nadie sufre, no hay pena… pero tampoco goza; entonces tampoco hay gloria.

     La serpiente no es mi amiga; te lo juro. Ella sólo quiso enseñarme un camino para ejercer el mentado libre albedrío; a mí nunca me interesó –como ella decía- ser tan poderosa como nuestro Padre. Yo sólo deseaba amarte, tocarte, sentirte. ¿Tú no? ¿No me mirabas de forma anhelante, pidiéndome ternura? ¿Cómo podía darte todo eso sin hacerte el amor?

    De verdad, Adán… no entiendo nada. Padre se contradice. Otro error suyo fue construirme con una de tus costillas. Eso te obligó a considerarme una parte tuya. Así soy un verdadero problema para ti… ¿no te parece? Desde entonces, desde que Padre me hizo de tu costilla, tienes que cargar conmigo. Mandarme, según tú. Y yo tengo que suplicarte y hacerme la víctima para que te sientas superior a mí y por lo tanto, satisfecho.

    ¿Padre dijo que tú eras mejor que yo? ¿O que yo sería mejor que tú? “Compañera te doy, y no esclava” dijo… ¿no es así? Ya no recuerdo bien, amor; debiéramos buscar juntos la respuesta.

 

Ya casi termino de cocinar el pan y la sal está en la mesa. Ese pequeño cordero que trajiste ayer me ha dado compasión sacrificarlo y está vivo aún. Comeremos sólo pan con sal y te suplicaré que no te enojes. Tú mandarás que mañana lo ase y yo te diré que está bien… fingiré que te obedezco.

    Entonces te daré un beso y te pediré me concedas el don de tus caricias. Aunque la serpiente haya ganado la partida, por lo pronto… porque no es así; estoy segura. Amarte es algo hermoso; y aunque Padre esté enojado con nosotros, es la más grande felicidad que podemos tener fuera del Paraíso.

    Algo más: El nombre de Eva, nunca me gustó. Ah… ¿ya lo mencioné?

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23/02/2008 GMT 7

¿Quién recuerda a Eurídice?

parsyfal @ 02:59

            euridice.jpg

La leyenda dice que Orfeo pierde por segunda vez a Eurídice cuando al rescatarla del mundo de los muertos, falta sólo un corto trecho para ambos salir y voltea a mirarla, ansioso por tenerla de nuevo. Le había sido prohibido por los dioses; con eso ella vuelve a morir, sin esperanza alguna de reencuentro.

    Según los griegos, él era hijo del hermoso dios Apolo y la más bella de las musas, Calíope, quien favorecía la poesía y la elocuencia. Era poeta, tocaba la lira y a todos hechizaba. Eurídice por cierto no era tan bella, tan desenvuelta, tan nada. Aún así, se amaban.

    Dicen de ella que “no se quejó de su amado por el error cometido pues… ¿de qué podía quejarse, sino de ser amada?”

     Todos los textos refieren el dolor de Orfeo. Todos recuerdan que él lloró y suplicó por ella a los dioses hasta perder el deseo de vivir. Dicen que las ninfas terminaron matándolo por despecho, pues a todas despreció y nunca volvió a amar a otra mujer. He buscado a Eurídice para saber qué sintió ella al volver a la muerte. Todos aseguran que Orfeo sufre; Orfeo llora, también. Orfeo era hermoso, Orfeo y su seductora voz, Orfeo y su pena. Por favor… ya basta.    

    La encontré en mis sueños:    

    Sí -me dijo- todos lo aman a él y de los muertos se olvidan.

    ¿Qué se siente volver con los muertos? -pregunté.   

     No importa eso -dijo Eurídice- aunque puedo decirte que un dolor atroz, un llanto que no cesa, la angustia de una derrota de la que tal vez soy culpable también. Pero eso no importa.   

    ¿Y qué importa entonces?   

    Perder la vida. Lo peor no es morir, sino perder esa vida que empezaba a fluirme por las venas. Olvidar otra vez la pasión, cuando su mano comenzaba a hacérmela sentir de nuevo. Volver al silencio, otra vez a esperar y no saber cuánto tardará el reencuentro. Dejar de sentir, olvidar el ensueño, prohibirse la ilusión, apagar el latir del corazón para no perturbar el silencio de los otros muertos, los que olvidaron qué se siente amar, volar hasta sentir las estrellas a los pies. Eso es lo peor. No morir, sino dejar otra vez de vivir. 

Mi sueño fue breve; la mañana sombría. El aire estaba quieto y el llanto de Eurídice se escuchaba aún entre mis sienes.

 

 

El óleo es de Camille Corot (pintado en 1861)

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20/02/2008 GMT 7

Bello cine bello

parsyfal @ 13:37

water.jpgSoy cinéfila desde antes de aprender a hablar. Mis padres nunca tuvieron niñera; me madre cargaba conmigo –literalmente- durante toda la función en los westerns, filmes de guerra y musicales gringos que antaño ambos veían y era casi su única diversión. El ruido de las voces y las imágenes en la pantalla me privaban plácidamente del conocimiento en los brazos de ella. Por eso ir al cine, para mí era casi mejor que permanecer en casa. Dormía en un sitio más tibio y blando.

    Desde siempre, pues, una buena película ejerce sobre mí una hipnosis peculiar. Me ayuda a evadir la realidad (cosa por cierto que, en este momento, me urge) y a ocuparme de los sueños de otros.

   Vi una cinta llamada “Water”, hindú. Denuncia la situación que viven las mujeres en la India; las viudas en especial. La historia está situada en tiempos de la predicación y liderazgo político de Gandhi (1938). Según esa tradición aún practicada en ciertas regiones de ese país, las mujeres eran casadas a los siete u ocho años con hombres adultos que a veces morían antes siquiera de consumar el matrimonio a los once o doce de ellas… y las “viudas” eran sepultadas en vida en unas casas de retiro, con el pelo rapado y vestidas de blanco. No podían sonreír ni mezclarse con la gente; ni siquiera su sombra podía tocar a otros, porque los textos sagrados decían que podían echar con ello una maldición sobre los vivos.

    Es una película hermosísima. Atmósferas místicas, jóvenes muy bellos; una higuera centenaria vestida de velas encendidas fue el sitio del amor. Música embriagante. Jamás una escena erótica (para el oriental es algo grosero). Dos jóvenes se enamoran contra todas las leyes religiosas y civiles. Ella es viuda, él es liberal, seguidor de Gandhi. No pueden casarse, su amor es prohibido y manchado por la perversidad del padre de él. Ella muere, él abandona a su familia y sigue a Gandhi.

    La penúltima escena es un “mitin” político del Mahatma: Pasa por la pequeña ciudad del drama en un tren y se detiene a decir una oración con quienes deseen oírlo. Les dice: “Queridos hermanos: toda mi vida busqué la verdad en Dios, hasta que comprendí que Dios es la verdad”.

    El cine me hipnotiza. Una buena película es como una linda novela o como un cuento sorprendente, un regalo a la inteligencia, pero con luz, color y música.A veces, como en “Water”, uno llora y eso descansa de vivir.

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15/02/2008 GMT 7

Febrero catorce

parsyfal @ 00:54

rosaroja.jpgHoy el aire se transformó en luz y brillaban en él sus partículas. Como si un polvo finísimo de oro nos envolviera a todos.

Este día se puede sentir el corazón palpitando en la mano, como un ave impaciente que desea volar…

La angustia que este día encierra el ánimo en una hermosa jaula -de otro modo vuela más allá de las nubes-, luce una sonrisa de complicidad, porque nace de una ilusión domesticada.

 Hoy es uno de esos días –se dan muy pocos- en los que todos recordamos nuestra capacidad de amar y la ejercemos. Nadie y todos somos culpables de que se pretenda simbolizar el amor con globos y chocolates. Nadie y todos tenemos culpa en dejarnos arrastrar por la necesidad de comprar ante cualquier necesidad o satisfacción emocional.

Pero eso no disminuye la verdad de que el amor domina todo, es el sentimiento emperador de la vida y al sentirlo… el aire se vuelve luz y el corazón palpita en la palma de la mano, como una ave.

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12/02/2008 GMT 7

Soñar las estrellas

parsyfal @ 09:31

aliens.jpgEn nuestra era del insomnio, vi la película de alienígenas hasta muy tarde y sin problemas, ¿quién quiere dormir, después de todo? Logré verla completa, lo cual es una suerte, pues ya nada causa asombro. Los seres importados del espacio eran virus… inteligentes. Buena idea.

    Fueron absorbidos en el viaje de regreso al planeta por una nave, la cual hicieron estallar para diseminarse mejor en una gran superficie de la Tierra.

     La contaminación fue inmediata. Un humano infectado se transformaba durante el sueño; por fuera permanecía el mismo, por dentro se trocaba en un ser emocionalmente invulnerable, aunque enemigo de la violencia, pacificador… y destructor de todo lo que estorbaba a sus fines.

    Cuando millones estuvieron transformados en sí mismos, pero con un alma distinta, empezaron a desaparecer las guerras y todo conflicto político; la riqueza se empezó a distribuir en forma igualitaria, la contaminación a remediarse, el calentamiento global a revertirse… nuestro mundo se habitó por humanos muy eficientes y monótonos.

    Como todo trabajo artístico, contenía un sueño. Qué más podía esperarse.

    Los seres humanos han mirado siempre al cielo en busca de esperanza o de más conocimiento. Primero al Sol y la Luna, a las estrellas y constelaciones.

    Todos fueron dioses. Los convirtieron en seres antropomorfos en su imaginación, desde siempre. Los hicieron luchar entre sí para perpetuar la vida; les pusieron carros de fuego que surcaban los cielos. Los unieron por amor y les adjudicaron hijos. Cuando vieron que los cuerpos celestes eran sólo esferas de materia y energía, incubaron un gran sentimiento de soledad. Hoy esperan seres desde el espacio para saciar una extraña curiosidad morbosa y también para cumplir el deseo de no estar “solos en el universo” (suspiro).

    ¿Solos? Entre los humanos, encontrarse espiritualmente con los semejantes, ¿no alivia la soledad? Qué amarse unos a otros... ¿no sirve?

    Por lo visto, eso no convence pues tenemos la autoestima reducida al nivel de los insectos.

    Los hombres pensaron durante todo el siglo XX que los seres de otros planetas serían necesariamente más inteligentes que los humanos. Hoy se les ha hecho claro que ser “más inteligentes” no lleva implícito ser amigable y respetuoso; más bien todo lo contrario: El más vivo, se queda con todo. Así sean organismos unicelulares, virus no vivos ni muertos, no vegetales ni animales; monstruos con el ego a salvo o lo que sea.

    Tal vez no sea tan complicado. Quizás ni siquiera vale la pena tener miedo de los alienígenas. Es bien simple: Si existen, nos conocen y no nos han destruido es porque no quieren; por lo tanto, son más sabios y son buenos.

    Pero no vale la pena enredarse; no era más que una película. Eso sí… no pude conciliar el sueño hasta el borde del amanecer.   

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02/02/2008 GMT 7

Monstruos que enamoran

parsyfal @ 10:08

dracula5.jpgHoy noche me está esperando en el buró una película de suspenso. Hace rato la traje y es de alienígenas. Ahora se dice así; en tiempos de la longaniza eran “marcianos”. Suelen llamarse, en el catálogo donde las alquilas, de “terror”. En aquellos días, las películas de terror bien podían provocar risa por los míseros maquillajes que portaban los actores. Máscaras de hule burdo, ojos saltones que no se movían, manos con garras de cartón que no lograban rasguñar, menos arrancar cabezas de golpe, como hacen ahora.

    Nunca me ha gustado asustarme por voluntad propia. Tres o cuatro veces, tiempo atrás, me llevaron mis padres al cine a ver cintas terroríficas.

 Una de ellas fue “Drácula”, donde Christopher Lee (y ése… ¿quién era?) se juraba el último galán de la llanura y seducía mujeres. Igual me fascinó; qué miedo ni qué nada. Salí un poco enamorada del conde y quizás por eso mi madre nunca volvió a llevarme porque, para mis nueve años, era un poco prematuro un enamoramiento y además de un hombre que se convertía en monstruo. ¿Será que desde entonces intuía que todo hombre guarda uno dentro?

    Otro adefesio que vi de chamaca y su imagen quedó cincelada en mi memoria (recuerdo adorable, no le pondría “delete” por nada del mundo) es el de la Laguna Negra. Era un hombre anfibio, ni siquiera un tritón, sino un pobre ser escamado, con cabeza como de insecto, pero sin cuernos. Salía por las noches a aterrorizar muchachas, muerto de hambre, relamiéndose las branquias por un bocado de humano. Y todavía le decían “monstruo”; nada más lejos de sus intenciones, tenía que sobrevivir, ¿qué podía hacer, sino comer la dulce carne nuestra?

    Desde entonces, he visto evolucionar los monstruos del cine hasta el paroxismo; el que no vomita sangre, se la bebe. El que no come humanos, los destroza y los cuelga de un árbol por puro ocio, como “Predator”. Niños que ven fantasmas de ahorcados, niñas poseídas por ese “imperator” de nuestro tiempo llamado Luzbel…

    Se han vuelto tan desagradables, que les huyo. Drácula y el vecino de la Laguna Negra fueron suficientes para mí. Prefiero mirar las estrellas; a cualquier ser vivo que se apareciera, proveniente de ellas, le saludaría encantada. Los alienígenas al menos deben ser “monstruos” que se sienten hermosos, no tienen problemas de autoestima. Además inventarán, seguramente, aventuras muy distintas a las humanas, interesantísimas.

    Mientras llegan, veré como se los imaginan los hombres una vez más, en mi película.

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